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Fundación Alda :: Noticias
¿Qué ocurre cuando la escuela y la familia empiezan a mirarse como aliadas en la educación de la primera infancia?

En comunidades de Caazapá, pequeñas transformaciones cotidianas —leer un cuento antes de dormir, conversar sin pantallas, participar activamente en la escuela— comenzaron a generar cambios profundos y duraderos.

En el marco de la evaluación intermedia del proyecto Mitã Arandu, realizada en septiembre de 2025, Younghee Shin, coordinadora de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA), acompañó de cerca este proceso y plasmó sus aprendizajes y reflexiones en una reseña que pone en el centro el valor del «capital social» y la construcción de confianza entre familias, docentes y comunidades educativas.

A continuación, compartimos su texto completo, una mirada sensible y comprometida sobre cómo fortalecer los vínculos en la educación infantil puede sembrar impactos que trascienden al propio proyecto:

Pequeños cambios, una gran confianza: El potencial del «capital social» en la educación infantil en Paraguay

Como coordinadora de KOICA gestionando proyectos de cooperación para el desarrollo educativo en Paraguay, la realidad que enfrenté fue más árida de lo que imaginaba. Mientras que el apoyo educativo general se concentraba en la educación primaria, secundaria y media, la educación infantil, etapa decisiva para el desarrollo temprano, se encontraba en un punto ciego, carente de apoyo.

Lo más lamentable era el amor que «no podían dar por desconocimiento». Los padres paraguayos estaban agotados por el sustento diario y el trabajo arduo; no tenían tiempo para reflexionar sobre cuánto influyen las pequeñas actividades cotidianas en el desarrollo emocional y el vínculo con sus hijos, y mencionaban que nadie se lo había enseñado. Asumían su responsabilidad alimentando y vistiendo a sus hijos, tal como lo hicieron sus propios padres, pero la mayor barrera era la falta de conciencia sobre por qué es importante la interacción más allá de eso y cómo llevarla a cabo.

Sin embargo, el cambio presenciado a través de este proyecto fue asombroso. A través de los grupos focales (FGI), los padres confesaron estar experimentando una mejora real en la comunicación con sus hijos (los niños comenzaron a compartir primero su vida diaria y escolar) y un aumento en el vínculo afectivo al poner en práctica acciones como: pasar tiempo de calidad con sus hijos (juegos y lectura de cuentos antes de dormir), crianza positiva en lugar de castigos físicos, y conversar en la mesa en lugar de usar celulares o ver televisión.

«Para mí, el momento más importante ahora es el breve tiempo que paso leyendo cuentos con mi hijo antes de dormir. Por más cansado u ocupado que esté, no pierdo este momento ningún día». Esta breve confesión de un padre demostró que este proyecto está cambiando la atmósfera de los hogares, yendo más allá de la simple provisión de un proyecto educativo. El proceso de restauración de la relación entre padres e hijos, endurecida por la rutina diaria, fue conmovedor por sí mismo.

El logro que más llamó mi atención fue la «construcción de confianza entre el hogar y la escuela», más allá del cambio en cada familia individual.

Anteriormente, la participación de los padres en la escuela se limitaba a un rol pasivo. Sin embargo, a medida que la escuela y el hogar comenzaron a comunicarse estrechamente para el crecimiento de los niños a través de este proyecto, los padres se transformaron de simples «participantes» a «sujetos activos».

A través de este proyecto, aumentó la comprensión y la importancia que los cuidadores otorgan a la educación infantil, lo cual se reflejó en el aumento de la tasa de asistencia de los niños y de los cuidadores a las capacitaciones. Los padres percibieron una mejora en la competencia y actitud de los docentes tras las capacitaciones, y tanto docentes como padres mencionaron que la comprensión y confianza mutua mejoraron gracias a la formación de formadores (ToT) para cuidadores.

Vi la posibilidad de que esta relación de confianza formada entre el hogar y la escuela se desarrolle como un capital social sostenible dentro de la comunidad, superando el nivel de simple participación. Basándose en esta confianza, se espera que las reuniones de padres fortalezcan su función como sujetos de responsabilidad compartida en la gestión escolar, participando voluntariamente no solo en el mantenimiento de las instalaciones, sino también en el apoyo al desarrollo infantil y actividades de nutrición e higiene. Aunque el financiamiento externo (funding) y el proyecto terminen, la sólida relación de confianza forjada entre los padres y la escuela permanecerá como un activo intangible que sostendrá a la comunidad.

Vi la posibilidad de que una pequeña semilla plantada en el lugar más marginado creciera hasta convertirse en un gran árbol de solidaridad comunitaria, más allá de la recuperación familiar. Siento una profunda gratitud por haber podido ser parte del inicio de este cambio, esperando que los niños de Paraguay dibujen un futuro más brillante sobre este sólido capital social.

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La entrada Pequeños cambios, una gran confianza: mirada desde la evaluación intermedia de Mitã Arandu se publicó primero en Fundacion Alda.


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